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miércoles, 11 de abril de 2012

EL CICLISTA Y EL DOLOR DE ESPALDA.

La práctica continuada, regular, competitiva o no, del ciclismo, obliga a nuestra columna vertebral a efectuar unos esfuerzos de sostenimiento estructural, en condiciones ajenas a las habituales de la bipedestación, y a consecuencia de ello, padece de estrés en determinadas áreas de la misma.


Este requerimiento que hacemos de nuestro chasis particular, puede verse incluso incrementado por unas incorrectas cotas de nuestra bicicleta. Nos estamos refiriendo a la posición adelantada o retrasada del sillín, a la inclinación del mismo, a la posición demasiado baja del manillar, a dismetrías de nuestras extremidades inferiores, etc...


La espalda se divide en tres áreas:

-          Zona lumbar. Es la zona inferior de la columna y la más afectada y vulnerable de todas, debido a que ha de soportar la mayor carga de presión estructural. Viene a estar implicada en más del 40% de las patologías que cursan con dolor, si a los problemas que aquejan los ciclistas nos estamos refiriendo.

-          Zona dorsal. Es la zona media de la columna y sujeta las costillas.

-          Zona cervical. Es la zona superior de la columna y se encarga del sostenimiento y movimiento de la cabeza y cuello.

Como es sabido por todos, la columna vertebral la componen las vértebras, y éstas están unidas mediante ligamentos, potentes músculos, y separadas para evitar roces fatídicos, mediante unas almohadillas intervertebrales, llamadas discos.

Por el interior de las vértebras, se extiende la médula espinal, y entre cada par de vértebras, se ramifican en una especie de cableado o afluentes, las raíces nerviosas que retroalimentan eléctricamente al sistema musculo esquelético. 

Cuando cualquiera de los integrantes anteriormente citados sufre una lesión, siempre cursa con dolor, debido a la sensibilidad que la presencia de tanto tejido nervioso, otorga al conjunto.

El caso más conocido y extendido es el de la hernia discal, y más conocido aún el extremo de la patología ciática. En este caso, el dolor puede irradiarse incluso hasta la parte más distal de las piernas, aún cuando la lesión esté producida a la altura lumbar.

Los ciclistas no son un sector de deportistas que se vean especialmente afectados por hernias provocadas por la práctica del ciclismo. Generalmente son patologías de tipo ligamentoso y/o lumbar.

El ciclista suele verse más afectado por patologías de origen mecánico, es decir, postural, y no por daños internos importantes como puede ocurrir en deportes de cargas importantes o impactos continuados como halterofilia, rugby, fútbol americano, etc.

La postura que adopta el ciclista sobre la bicicleta, hace que la disposición de todas y cada una de las vértebras se vea alterada, implicando directamente a todos los elementos que forman parte de la citada estructura. En consecuencia, los músculos paravertebrales, articulaciones, ligamentos, discos, etc. cambian absolutamente su forma de trabajo comparándola con la posición más natural y habitual como ha de ser la de bipedestación.

La posición sobre la bicicleta, y más aún cuando buscamos un mejor acomodo aerodinámico, provoca que se incremente la tensión y el trabajo muscular y ligamentoso de toda la parte posterior de la columna vertebral, especialmente en la zona lumbar y cervical.

La zona lumbar invierte radicalmente su disposición, alterando su curvatura fisiológica (lordosis).

Por otra parte, la zona cervical trabaja sobremanera, ya que nos vemos obligados a impulsar hacia atrás la cabeza para no perder el contacto visual con la carretera, al inclinar nuestro tronco hacia la zona del manillar con el objetivo de reducir la resistencia aerodinámica e incrementar nuestras prestaciones.

Todos estos esfuerzos se ven dimensionados exponencialmente, debido al elevado número de horas que mantenemos al organismo sometido a este estrés.

Consejos para tratar de evitar, o en su caso reducir en lo posible la incidencia postural en patologías estructurales:

-          Cambiar regularmente la posición que adoptamos sobre la bicicleta. Podemos modificar, siempre que tengamos la oportunidad, por ejemplo el grado de inclinación de nuestro tronco, tratando de pedalear incluso si las condiciones lo permiten, algunos segundos erguidos, es decir sin manos.

-          Un sillín excesivamente retrasado, hará que el grado de ataque de nuestra cadera sea más exigente, obligándonos a someter a nuestra zona lumbar a un esfuerzo de extensión adicional.

-          Un manillar demasiado bajo, al igual que en el apartado anterior, incide negativamente en la zona lumbar.

-          Un sillín demasiado bajo, impide que la pierna se estire lo necesario para evitar que, sin darnos cuenta, rectifiquemos la cadera empujándola hacia atrás, buscando ese hueco que necesita.


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